19/9/08

El Triple filtro

“En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el respeto que profesaba a todos. Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:
-¿Sabes qué escuché acerca de tu amigo?
Espera un minuto, replicó Sócrates, antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo le llamo el examen del triple filtro.
-¿triple filtro?
Correcto, continuó Sócrates, antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.
El primer filtro es la VERDAD.
¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
-No, dijo el hombre, realmente sólo escuché eso y…
Bien dijo Sócrates, entonces no sabes si es cierto o no.
Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la BONDAD.
¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
-No, por el contrario…
Entonces, deseas decirme algo malo de él, pero no estás seguro que sea cierto, pero podría querer escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la UTILIDAD.
¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
-No, la verdad que no.
Bien, concluyó Sócrates, si lo que vas a decirme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil ¿Para qué querría yo saberlo?

Usa ese triple filtro cada vez que oigas comentarios y rumores sobre alguno de tus amigos o sobre una persona que conozcas.
VERDAD, BONDAD y UTILIDAD, son conceptos que deben brillar en el ser humano como estrellas de primera magnitud, para que él mismo pueda aplicarlas en todo momento. Propagar la verdad, la bondad y cuanto pueda ser de utilidad para sí mismo y para sus semejantes.
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2 comentarios:

Maria dijo...

Yo voy a intentar aplicarlo, me parecen palabras muy sabias.
Hay tantos rumores y chismes malintencionados que solo sirven para crear mala energía que aplicar este triple filtro ayudaría a crear energía más positiva para el mundo en el que vivimos.

Inma dijo...

Yo también intentaré aplicarlo a mi vida, es muy fácil, ir hablando de otros sin pensar realmente en las personas de las que estamos hablando, ni en nosotros mismos.